viernes 2 de diciembre de 2011

Una video blogger de la vida

Photobucket

Cuando me senté pensé que me estaba haciendo una foto, pero en realidad no era así, me puse en medio entre su cámara y la ventana. No paró, sigo grabando vídeos desde el interior del vagón del tren de cercanías, el paisaje, las carreteras, todo lo que veía lo grababa en vídeos.

Es una video blogger, pensé.

jueves 1 de diciembre de 2011

Repositorio vital

He escrito diarios desde que empecé a poder escribir de manera fluida. Para mí el avance tecnológico más importante es la escritura, esta nos permite crear un banco de datos de conocimiento que puede ser transmitido de generación en generación.

Es sorprendente la cantidad de datos, detalles e información que acumulamos cada día, cada hora, muchos de esos recuerdos se perderán para siempre porque no hemos sido lo suficientemente diligentes como para guardarlos. Pero ese no es mi caso, he escrito diarios y libros de notas hasta acumular varias cajas grandes en mi armario.

¿Que qué escribo?, de todo. Subo a un taxi, tomo nota de la licencia del taxista, si puedo su nombre, lo que veo, de qué hablamos, de dónde voy  y a dónde voy, cuanto me cobró por trayecto. Cada detalle es muy importante, ¿parece un poco compulsivo, verdad?, lo es, no me importa, yo colecciono recuerdos al igual que otros coleccionan sellos de correos.

Mi pequeño mundo como escribano vital dio un giro cuando aparecieron cámaras de fotos decentes en los terminales móviles. En la tienda a la que solía ir, me hablaron de las bondades de la cámara.

-Yo tengo además otra afición- le dije al vendedor- suelo tomar notas de todo, bien sea por mi trabajo, o por afición, siempre voy con mi cuaderno por ahí. ¿Qué tal son estos dispositivos para la entrada de texto?.

El vendedor fue al otro lado de la vitrina.

-En ese caso quizás este terminal sea lo más adecuado, se trata de una Kyun, es todo pantalla, pero el teclado virtual es muy rápido, además es el dispositivo que dispone de mayor número de aplicaciones. Mira esta.

El vendedor sacó su propio terminal y me enseñó las maravillas que se podían hacer con el terminal. Me quedé impresionado, muy impresionado. Tanto que terminé comprándolo, nunca había gastado tanto en un móvil.

Salí de la tienda con la bolsa en la mano y los ojos haciéndome espirales, una sensación absoluta de irrealidad. En cuanto llegué a casa lo puse a cargar mientras investigaba todo lo que se podía hacer, que era, por cierto más de lo que me imaginaba. Aquello era como mi portátil Toshiba, solo que sin cables de alimentación.

Comencé a escribir todo lo que se me ocurría, lo que veía, lo que escuchaba. Estaba llenando folios, ilustrándolos con fotos, notas de audio, vídeos. Cuando llegaba a casa por la noche lo guardaba todo en carpetas en el ordenador, y una vez al mes imprimía aquellos archivos de texto e imágenes.

En mi trabajo tenía que estar todo el día en la calle. Era técnico pericial en edificaciones, un trabajo en el que no me mataba, pero que me exigía visitar al menos tres inmuebles y hacer una evaluación para la que tardaba menos de treinta minutos. Ahora mis informes iban acompañados de coloridas imágenes, dato por el que recibí varias felicitaciones.

El resto del tiempo lo pasaba en el transporte público, haciendo tiempo para la próxima visita, tomando un refresco en algún sitio pintoresco. Odiaba cargar con chismes, así que tan solo llevaba una carpeta de cuero negra con informes, y mi terminal con una batería adicional que compré por Internet.

Encontré una aplicación por la que pagué menos de cinco Euros que me permitía escribir los informes que una vez había escaneado, añadiendo las fotos y el texto de mi informe. Todo lo hacía desde el terminal, escribiéndolo sobre la marcha, el teclado, tal como me dijo el vendedor era muy cómodo. Así que llevaba el portafolios negro más que nada por dar imágen.

Un día un amigo me dijo que debería escribir un blog, puesto que me pasaba todo el día escribiendo, alguna cosa debería ser aprovechable como material literario. Aquella idea la tuve en la cabeza durante unos cuantos días hasta que me lancé. Iba a ser un blog de un urbanita, con cantidad de fotos, vídeos y detalles de las cosas que veía a menudo.

Lo que hice fue bloguear en movilidad, copiando y pegando textos, así como publicando fotos y vídeos.

No lo hacía por los lectores, que en ese momento no tenía, sino por una nueva necesidad que nacía del mismo lugar que me impulsaba a escribirlo todo desde niño.

Mis viajes se volvieron los viajes de mis lectores, y lo que yo veía, lo mismo que ellos veían, siendo no ya escritor y lectores, sino una sola mente que dialogaba consigo misma de manera contínua.


sábado 15 de octubre de 2011

Hacktivista


Photobucket



La sala estaba llena de energía, podían verse brillar no sólo las pantallas de los portátiles sino a los jóvenes que estaban atentos a cada palabra que el orador decía.

El aforo del aula magna era de setecientas personas, pero esa mañana había más de dos mil.

-La amenaza corporativa no quiere que seas libre, todo lo que consumes está envenenado y cada regalo es una trampa que tiene como único objetivo hacerte un esclavo. ¿Usas un Mac, los servicios de Google?, entonces dime quien tiene tus ficheros, ¡porque esa es la persona que los está leyendo!, tú le diste el permiso para ello.

Dan estaba observando con fascinación el espectáculo, era un completo activista del software libre desde los quince años. Por eso era un auténtico evento estar ante el máximo representante del software libre, alguien que había sido encarcelado incontables veces y demandado por las principales empresas de software e Internet. No tenía casa, vivía en los domicilios de los activistas que lo invitaban a dar sus conferencias, una mochila grande y su portátil a cuestas. Era todo lo que llevaba encima.

Su último portátil era uno de manufactura chica, un Dooloong v7, con un procesador TDragon a 1,2 Ghz.

Ray Strockwell era el nombre más incómodo del moderno capitalismo y se alojaba en casa de su amigo Chema. Aquellos estaban siendo días excitantes.
Chema había soportado toda una batería de preguntas sobre el mítico hacker, qué comía cuanto dormía, de qué habían hablado. La vida de aquel personaje era sumamente interesante y ¡esa noche iban a cenar juntos!. Aquello le ponía aún más acelerado que la charla en sí.

Lea se le acercó, estaba tan contenta como él. Ella era un curso menor que Dan y una de las pocas chicas que habitaban las conferencias para Hackers y amantes del software libre.

-¿Vas a hablar con él?-

-Ahora hay mucha gente, esta noche tendré ocasión de hablar con él todo lo que quiera.

-Suertudo, al menos acompáñame mientras intento que me firme el portátil.

Miró el portátil de Lea con desagrado, llevaba una distribución de Linux comercial, que tenía software cerrado, por cosas que había leído de Ray era capaz de negarse a firmarle el portátil, pero prefirió que lo descubriera ella misma, había visto en sus ojos que más allá de la ideología el gurú le parecía un tipo atractivo, y sin duda lo era, cosa que desagradó a Dan.

Se acercaron al tropel de gente que quería algo de Ray, el tipo estrechaba manos, firmaba camisetas portátiles y posaba para fotos. Dan empujaba y era empujado cuando al final llegaron Lea le dió dos besos y le pidió que firmara el portátil, esperaba el momento del rechazo, pero el tipo firmó sin mirarlo. Aquello le sentó fatal y la dejó sola con su felicidad. Podría ser un gurú del software o un cantante de rock, pero la chica no distinguía la diferencia.

Cuando no quedó apenas nadie vio a Chema que esperaba pacientemente al lado de Ray mientras firmaba las últimas camisetas. Era más tarde de lo previsto. Chema presentó a Dan a Ray y este le saludó con una sonrisa. Ray tenía fama de ser poco sociable, incluso rudo en muchas ocasiones. De momento le pareció amable.
Solo llevaba un gran petate militar con sus cosas y la bolsa de su portátil, un Netbook. Cuando se metieron en el coche les dijo.
-No se lo tomen a mal pero no me gusta la charla intrascendente, estaré trabajando en el viaje, pero ustedes charlen de lo que quieran.
Y tal cual lo dijo abrió su Netbook y se puso golpear rítmicamente las teclas. Chema y Dan se quedaron sin saber qué hacer.

Ray había llevado su locura por el software libre al punto de rechazar algunos portátiles basados en Linux que incluían programas propietarios. Llevaba un año con un Netbook chino que le ofrecieron en su último viaje a Asia, estando en Shenzen un fabricante que era uno de los patrocinadores de la conferencia le habló de su portátil 100% software libre y aquello gustó a Stockwell, así que le dieron el prototipo. 

Era un Netbook de 11 pulgadas, nada que ver con su antiguo IBM de 17 pulgadas con el que siempre se le veía. El procesador del equipo era un TDragon a 1,2 Ghz, tenía 2 Gb de RAM y un disco duro en estado solido de 80 GB, una máquina muy limitada para los tiempos que corrían, pero que estaba limpia de aplicaciones propietarias.

Miró por encima del hombro ya que Ray estaba en el asiento del copiloto. Estaba corriendo la consola, ni siquiera estaba usando el entorno gráfico, usaba una aplicación para el correo electrónico que parecía diseñada en los años noventa. Se quedó asombrado.

El portátil estaba acabado en un sólido metal que no supo identificar, se le notaba de excelente contrucción.

-Perdona Ray- le dijo al absorto hacker.

-Dime, te escucho.

-Jamás había visto un Netbook así, ¿cual es su fabricante?.

Photobucket




































Se ve que tocó un tema que le interesaba, aún así no dejó de teclear.


-Se trata de un prototipo chino del fabricante Dooloong. La ingeniería es libre, lo han diseñado gente de todo el mundo por internet. El procesador es chino, no es demasiado rápido pero tampoco yo uso aplicaciones demasiado exigentes, casi todo lo que hago tiene que ver con texto.

-¿Es un tablet?.

-No, pero se puede girar, casi todo es batería, al menos la base, si te fijas allí está además de la batería los puertos de conexión, de tarjeta SD y nada más, es en la pantalla donde está la salida de audio, el procesador, la tarjeta gráfica, todo.

Me quedé helado de pensar que el guru más importante del movimiento Linux fuera capaz de hacer todo su trabajo en una especie de tablet chino de bajo coste.

-No es lo que parece, dijo como leyendo mis pensamientos- está muy optimizado, no he hecho los Bemchmarks, por supuesto, pero en multitarea puedo estar escuchando mi música étnica mientras descargo mis correos y webs, y además estoy editando un texto o escribiendo código.

-Pero, dijo Chema- ¿no te conectas a Internet directamente?.

-No- sentenció- ejecuto un daemon en un servidor de la FSF para que descargue mis correos y las páginas que visito, de ese manera nunca estoy localizado por el Gran hermano.

-Eso... te priva de mucha de la diversión que hay online, ¿no?.

-Bah, ¿para qué?, no tengo tiempo que perder con tonterías, vosotros tampoco deberíais, un verdadero hacktivista solo tiene una meta en la vida. Y esa no es perder el tiempo en redes sociales o en un clan de juegos online.

Vi a Chema avergonzarse hasta el punto de ponerse colorado.

-¿Tenéis té en la residencia?, siempre bebo té.- dijo tranquilamente, y luego siguió escribiendo correos como si aquella regañina no hubiera tenido lugar.

Llegamos al apartamento de la residencia y mientras preparábamos la comida Ray estaba en un viejo sofá, sentado con su Netbook delante y escribiendo interminables correos. Al parecer respondía personalmente a todo el que le escribía. Me pregunté si se puede ser un activista las veinticuatro horas del día sin quemarse, el tipo no es que fuera productivo, es que sencillamente no era capaz de dejar de trabajar. De vez en cuando se ponía de pie y se estiraba como un gato, bostezaba y se rascaba el cuello.

-Por lo visto es así siempre- dijo Chema.

-¿Es normal?.

-No es el primer activista que vive así- dijo Chema pasándome los platos para poner la mesa- esta gente vive sin hogar, con su mochila siempre encima, siempre moviéndose.

-Chico, parece algo del tipo obsesivo compulsivo.

Pusimos la mesa y Ray no cerró su máquina hasta que no terminamos de poner la mesa.

-Uauh, estoy hambriento.

-Espero que te guste, tenemos ensalada de pavo, y luego hemos hecho un pastel de carne, receta de mi abuela, espero que te guste.

-¿Tenéis té?- preguntó. Chema se llevó la mano a la frente y le preparó una taza de té.

Los primeros minutos los dedicó a comer mientras Chema y Dan se miraban nerviosos, por fin Chema el más lanzado comenzó un nuevo tema de conversación.

-¿Qué trabajo haces principalmente Ray?.

-El correo me lleva mucho tiempo, hay muchas preguntas y coordino mi oficina del FSF desde aquí. Escribo notas de mis charlas, leo mucho material político y si tengo tiempo estoy intentando ponerme al día con algunos lenguajes.

-¿Tienes vacaciones?-- le pregunté. Al instante me arrepentí de haber hecho esa pregunta.

Ray se tomó su tiempo en responder.

-Cuando eres un activista tienes que pensar muy bien qué tipo de persona quieres ser y qué hay que hacer para conseguirlo. Por mi parte significa estar completamente involucrado en lo que hago, sin distracciones. Me gusta viajar y aprovecho para disfrutar en mis viajes.

Terminamos de comer y Chema se lanzó con una petición insusial.

-¿Podrías enseñarnos tu portátil?, jamás había visto un equipo realmente libre.
Ray se encogió de hombros, sin entender el propósito de aquello, pero supongo que al ser sus anfitriones teníamos ciertos derechos.

-La única diferencia es que el terminal es libre en todos los sentidos, la BIOS es libre, los drivers, todo.

Tenía el equipo en modo suspensión, al abrirlo apareció emacs y un rudimentario programa de correo.

-Puedo responder cerca de cien correos al día, lo considero la parte más importante de mi trabajo, los descargo, y trabajo offline. Una vez respondidos los vuelvo a subir, puedo conectarme como tres veces al día, básicamente para bajar y subir datos.

-¿Pero solo trabajas con correo?.

-Casi siempre, a veces necesito mirar un PDF o trabajar con una imágen, en ese caso ejecuto las X11. Pero no me gustan, casi todo se puede hacer desde la consola.

Ray se puso de pie con su té, estiró las piernas y se puso a leer los lomos de los libros en nuestra estantería.

domingo 11 de septiembre de 2011

Mi ZTE Blade

zte


 Ser un estudiante y ser pobre como una rata son dos condiciones inseparables. Tengo diecisiete años, ¿sabéis cuantas pagas tuve que juntar para comprarme un terminal que de oferta me costó 90 Euros?, pues todas. Y además tuve que cuidar a unos niños insoportable durante tres semanas.

Quería un Smartphone, no una apestosa Blackberry, todas las niñatas de mi colegio tenían una BB, me parecía el colmo del mal gusto, una máquina de chatear, nada más. Ah, y de escuchar mp3, vaya desperdicio. Pero bueno, ellas era lo que querían, y en su pequeño mundo no existía nada más. Con Android podías hacer todo lo que se puede hacer con un PC, ¡incluso más!, porque con un Smartphone Android la movilidad es total, no necesitas estar atado a un escritorio.

Juntar el dinero suficiente para mi Blade fue algo que se me hizo eterno. Cada Euro contaba, pero era un ínfimo paso, la distancia de la Blade era la misma. Mientras tanto me consolaba leyendo todo lo que podía sobre Android y programación. Pensaba en las aplicaciones que iba a desarrollar. Mi padre me había regalado una vieja emisora de radio FM, hace unos veinte años la gente las usaba mucho para comunicarse con personas de todo el mundo. La probé y apenas encontraba a nadie, casi siempre taxistas.

2





ZTE dos
El día que junté el dinero suficiente para comprar mi Blade fué especial. Aquella mañana me desperté sin saber que iba a ser el día. Estaba esperando a un amigo, en la calle. El tipo llegaba tarde, así que me senté en un portal, la calle era pequeña, pero no pasaba nadie por allí. Distraído mirando vi algo. Bajo un Opel rojo, justo enfrente mía había algo. Me acerqué, y luego me puse pecho a tierra. Eran unos papeles enrollados, estiré la mano para cogerlos y.... eran billetes de cincuenta muy nuevos, enrollados en forma de canuto con una goma. Me los metí en el bolsillo de la chaqueta y salí de ahí. De todas maneras mi amigo llegaba media hora tarde.

Bajé calle abajo y me metí en una parroquia. Un grupo de señoras mayores estaban delante, rezando juntas. Me senté y saqué aquel rollo de billetes como si fuera una chuleta en un exámen. Conté uno, dos....cinco billetes de cincuenta. Pensé que me iba a marear. Lo primero que se me  vino a la cabeza fue: "voy a ir a casa a coger el dinero de mis ahorros y luego a comprarme la Blade". Pero luego me di cuenta que tenía mucho más de noventa Euros.

Salí de la tienda de telefonía con una bonita caja azul bajo el brazo, y de allí me fuí a una tienda de electrónica del barrio, quería comprar una serie de antenas, baterías, soldadores, amplificadores de señal, etc, para hacerle unos apaños a la Blade.

3


En Android había encontrado una comunidad de radio aficionados que habían creado aplicaciones para conectar tu dispositivo Android a una emisora de radio. Con el material que había comprado podía captar señales de radio de todo tipo, desde emisoras de policía a frecuencias de radio que se usaban para controlar alarmas en tiendas. Era captar de "escuchar" de todo, con el tiempo y los conocimientos necesarios podría incluso hackear aquellos sistemas de radio que me interesaran.

Estaba tan obsesionado que por la noche llevaba mi amplificador de señal a mi mesita de noche y desde la pantalla de mi Android monitoreaba todas las frecuencias que pillaba, desde una ambulancia que recibía instrucciones, a un semáforo que recibía instrucciones por radio. Copiaba los patrones de comunicación de todo para después estudiarlo. En la red algunos ya habían subido los decodificadores de los programas de comunicación de datos de policía, o la red mallada del Ayuntamiento. A mí me interesaban las comunicaciones de aeronaves. Por mi zona salían aviones de la pista 9 del aeropuerto, aunque no se oían, el tráfico era intenso. Me dediqué a grabar esas comunicaciones y señales electrónicas que los aviones emiten, desde las comunicaciones con la Torre de control, al "eco" de la actividad.

Me obsesioné con esas grabaciones. En un hosting gratuito las fuí subiendo y con la ayuda de programadores mucho más expertos y sabios que yo las fuimos decodificando. Aprendíamos cómo funcionaban, qué instrucciones empleaban y cómo manejarlas.

Uno de los miembros de aquel foro se llamaba Mr. Colt. Él estaba mucho más pillado que yo. Le gustaban las comunicaciones de datos que los grandes aviones emitían. Decía que estaba seguro de poder no solo controlar aquel lenguaje, sino dar instrucciones a una aeronave en pleno vuelo. Yo no lo creía. Ni creía que aquello fuera posible, ni le creía capaz de nada de eso.


4


Un año después mi ZTE era un cacharro más que exprimido. Había aprendido un montón sobre programación, e incluso me permití modificar la ROM, mejorando algunas de las ROM no oficiales que ya de por sí mejoraban mi querido smartphone. Conseguí que la batería durará un 12% más, que la receptividad Wifi fuera mejor, que la velocidad del sistema aumentara sin que eso afectara al consumo. Mi ZTE era un verdadero PC, allí tenía mis notas, leía mis feeds, respondía correos, jugaba, estaba en contacto con mis amigos, y creaba programas.

Recuerdo la tarde en la que todo ocurrió. Estaba con dos amigos en una sala de chat. Hacíamos chistes sobre un tercero ausente y compartíamos unas librerías de Google Maps que permitían añadir algunas funciones (habíamos creado una base de datos de claves de router Wifi protegidos, si un usuario encontraba uno, desde la aplicación enviaba la posición y una secuencia de datos que permitía a una aplicación en un servidor privado sacar la clave).

En ese momento alguien lanzó el grito por Twitter. Un Airbus estaba fuera de control. Decían que unos terroristas lo habían secuestrado. Dejé a un lado mi ZTE y abrí el canal de IRC en mi sobremesa, un Pentium IV que encontré en la calle y al que había puesto un Escritorio ligero de GNU/Linux. El canal de hackers de las comunicaciones aéreas estaba lleno. Teníamos temor de que estuviera intervenido, algo que nunca descartábamos.

-¿Nadie va a decir nada?- dijo POVsam.
-¿Alguien ha visto a Mr. Colt?.- dijo Nue.
-Es mejor que cerréis la bocaza- cortó Tork.
-Ayer estuvo comentando algo sobre su trabajo. Estaba entusiasmado- cuando escribí eso me arrepentí al instante. Se hizo un silencio sepulcral.
-Veo por donde vas y yo no seguiría- dijo Tork.
-En cuanto pasó esto pensé en el amigo Colt- dijo Nue.
-Pienso lo mismo- dije.
-¿Alguien lo tiene en línea?- preguntó POVsam.

Miré la aplicación de Google maps a ver si estaba geolocalizado, pero no aparecía por ningún lado. Se había desconectado, y eso era raro para alguien que vivía por y para la conexión. Verlo fuera era algo extraordinario. Le mandé un mensaje directo a su cuenta de Twitter.

En ese momento en las noticias dijeron que el Airbus se dirigía hacia Bruselas. A esas alturas tenía la certeza de que era él quien controlaba aquello.
Salí de casa con mi mochila, dos baterías extra del ZTE y mi teclado inalámbrico. Mucho espacio para tan poca carga. Cogí un autobús que me llevó a un pequeño centro comercial con una señal Wifi abierta. Pedí un refresco y un bocadillo y desplegué mi ZTE. Abrí la consola e hice una búsqueda de la aeronave secuestrada. Tenía el número del avión y la baliza de datos, ejecuté el decodificador y allí ví a mi amigo Colt, conectado y controlando la aeronave. Para ello estaba usando una interfaz que habíamos desarrollado entre unas cincuenta personas, robando el código de un conocido simulador de vuelo para Android. Abrí el chat interno.

-¿Se puede saber qué estás haciendo?- le dije.
-Sal de aquí ahora mismo- me ordenó Colt.
-No pienso irme, o sueltas el control del avión o te baneo.
-Te lo advierto, déjame en paz, estoy muy ocupado.

No sé cómo pero me sacó a la fuerza del chat interno. Perdí el control y la monitorización de comunicaciones. En la TV de la cafetería mostraban imágenes del Airbus camino de la capital europea. Una ventana emergente de GTalk se abrió, era Nue.

-Me ha sacado a patadas del canal- le dije.
-Lo he visto.
-Tío, o lo paramos o va a ocurrir algo muy feo. ¿Alguna idea?-
-Ninguna, ¿y sabes por qué?- me dijo- porque lo hackeamos todo, menos nuestras comunicaciones. Ahora está encerrado en algún sitio y sonriendo como un maldito enfermo.
-Me acabas de dar una idea. Quizás no podamos hackear el sistema de comunicaciones, pero él tiene una ZTE como yo, y usa el mismo programa de geolocalización, y como sabemos es vulnerable de narices.
-¿A qué esperas?.

Estuve trabajando en el programa, tuve que escribir como doscientas líneas de código, parchearlo y ponerlo como actualización prioritaria. Ahora tocaba esperar que su terminal se actualizara sin que él se diera cuenta. Esperamos unos minutos que se nos hicieron eternos. Cuando volví a abrir Google Latitude allí estaba él, mandando una clara señal de su posición. Estaba en un 24 horas de los suburbios de Lisboa.

-Es el momento de mandar la denunciar a Interpol- le dije a Nue- yo he dejado demasiadas huellas.

-